La frase que intitula este artículo fue pronunciada Don Tapscott (autor del libro Wikinomics) en un TED Talk e implica que ya no podemos pensar ni vivir independientemente en un mundo interdependiente. Las empresas deben estar conscientes que pertenecen a una comunidad (sector, ciudad, país, etc.) y que sus resultados estarán determinados por el destino de ese colectivo.

 

Algunas empresas persiguen objetivos de negocio y se mantienen ausentes del entorno que las rodea, incluso de la propia realidad que viven sus colaboradores. Otras, las mejores de la clase, se centran en satisfacer las necesidades de sus colaboradores en tres ámbitos de la persona: 1. La necesidad de vivir (aspecto Cuerpo): pagar salarios acordes a las condiciones del mercado. 2. La necesidad de relacionarse (aspecto corazón/emociones): respetar y considerar a los colaboradores. 3. La necesidad de aprender (aspecto mente): favorecer un ambiente de crecimiento y desarrollo profesional. Sin embargo, partiendo del “Paradigma de la Persona Completa”, que expone Stephen Covey en su libro «El 8° Hábito”, las empresas deben esforzarse más por satisfacer no solamente estos tres elementos, sino un cuarto aspecto de la persona que es el espíritu: la necesidad de “dejar un legado” o digamos “atender a un propósito”.

 

La responsabilidad y la inteligencia espiritual son una tendencia global. Dentro de las tendencias actuales de los mercados globales se encuentran una mayor responsabilidad (por parte de consumidores y empresas), así como la búsqueda de una vida balanceada. Muchas empresas globales y locales, e incluso gobiernos, están dando pasos importantes. Es así como Alemania dejará de utilizar la energía atómica, Lego invertirá millones de dólares para hacer sus productos sustentables e incluso el Papa Francisco instó a ser más responsables con el ambiente.

 

Conclusión: Ser una empresa responsable y con propósito ya no es un “nice to have”, ni una estrategia solamente para mitigar riesgos o aumentar la reputación de la marca, sino que es un imperativo competitivo para estos tiempos. Las empresas no pueden hacerse a la vista gorda porque no es ético, pero además porque ya ni siquiera es inteligente. Definan su propósito social corporativo y apoyen a sus colaboradores a que encuentren el suyo.

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